Aunque ya habían empezado a llegar hace dos meses, la llegada de los Super Tucano para la Fuerza Aérea Colombiana vuelve a tomar fuerza gracias al artículo publicado hoy por el periódico El Tiempo. Esta compra ha tenido muchas críticas por parte del público general, algunas de las cuales quiero aclarar.
Tal vez la crítica más común que he visto hasta ahora es que mientras que Colombia esta comprando Super Tucano, Venezuela esta comprando Sukhoi SU-30MKV. Esta crítica, sin embargo, ignora el motivo por el cuál fueron comprados los Super Tucano. Colombia es un país que está sumido en un conflicto de baja intensidad contra varias organizaciones narco-terroristas y que en este momento no tiene un motivo real para armarse de modo estratégico. Ignoro los motivos reales por los cuales el gobierno del presidente Chávez ha comprado el armamento que ha adquirido ultimamente, aunque todo parece indicar que son armas para un conflicto externo. Pero lo más probable es que ese conflicto no sea con Colombia sino con alguno de los enemigos percibidos por el presidente Chávez, y entre esos no se encuentra Colombia.
Otra crítica común, y relacionada con el punto anterior, es que Colombia ha debido gastar en aviones con propulsión a reacción que sean capaces de cumplir las misiones de apoyo cercano y de superioridad aérea. De nuevo acá es útil recordar que el conflicto en Colombia es de baja intensidad contra organizaciones narcoterroristas. En conflictos como el nuestro, generalmente no es necesario establecer superioridad aérea ya que el enemigo no cuenta con una fuerza aérea propia ni con defensas anti-aéreas. Por lo tanto no es necesario que Colombia compre aviones cuya misión principal sea ésa. Una contracrítica aceptable sería que aviones como el SU-30, el F-16, el F-18, o el mismo F-15 (a través de su variante F-15E) también cumplen funciones de ataque aire-tierra. Pero en ese caso vale la pena recordar que una de las principales críticas que surgió cuando el F-16 trató de reemplazar al A-10 para misiones de apoyo cercano era que el avión era demasiado rapido, y por lo tanto menos preciso, para la entrega de municiones. Para ese tipo de misiones siempre será más efectivo un avión que vuele a menor velocidad.
Además hay otros puntos que se deben tener en cuenta a la hora de discutir los méritos de los Super Tucano. Primero que todo los aviones con motor a reacción consumen más combustible que los aviones con motor turboprop lo cual representa menos tiempo de vuelo sobre la zona de combate. En principio este problema se podría solucionar haciendo uso del avión cisterna de la FAC, pero en ese caso también se debería considerar el costo de operación de ese avión. Y hablando de costos es importante recordar que los aviones turbofan son más caros de operar y mantener que los turbojet. Además el Super Tucano es una versión avanzada del Tucano que ya opera la FAC, lo cual supone que el personal de mantenimiento ya esta familiarizado con la aeronave y que muchas partes son comunes entre ambos aviones, lo cual también reduce costos. Finalmente, y desde el punto de vista operativo, los turboprop tienen la capacidad de operar desde pistas no preparadas mientras que eso no es necesariamente cierto de los turbofan. El riesgo para los turbofan en esas pistas es su susceptibilidad al daño por objeto extraño (FOD), el cual podría destruir por completo el motor dependiendo del objeto.
Personalmente considero que el Super Tucano es el avión ideal para la FAC en este momento y espero que sus ventajas sobre el Tucano (motor más potente, mayor capacidad de carga) sean fundamentales a la hora de combatir a las organizaciones narcoterroristas que operan en Colombia.





